sábado, 26 de noviembre de 2016

La sonrisa de Hermes II


"El presente adviene siempre como una encrucijada y ante ella me sitúo con el bagaje del pasado y las expectativas del futuro, ya que lo irreversible, sin embargo, no es irrecuperable, pues la historia pasada puede servirnos para pensar y actuar en el aquí y el ahora". Victoria Sendón, "Más allá de Ítaca".

La manzana de Afrodita

Tres mil años nos contemplan después de la guerra de Troya, o del amor entre Paris y Helena. Pero qué han vivido los inmortales desde entonces, ¿qué época viven ahora aquellos dioses de los antiguos griegos?. Parecen pocos días en la Eternidad pero varias épocas para la Humanidad. Miles de años donde los mortales hemos cambiado mucho desde que relatábamos a nuestros hijos que existía el Olimpo, la montaña que albergaba la ciudad de los dioses. Donde sus ciudadanas y ciudadanos eran inmortales especializados y con plenos poderes sobre oficios y obras de los mortales. Quizás debido a la tendencia humana a formar reinos aparece el Olimpo como un reino cuyo trono principal sería ocupado por Zeus, padre de los dioses y de los hombres, todos le llamaban "padre". La mitología relata además que existía el Concilio de los Dioses, formado por Zeus y doce inmortales más.

Originalmente este supremo panteón griego estaba formado por Afrodita, Apolo, Ares, Artemisa, Atenea, Deméter, Hades, Hefesto, Hera, Hermes, Hestia, Poseidón y Zeus. Siempre fueron trece, aunque no siempre los mismos, salvo Zeus o Hades, por citar algunos que nunca fueron sustituidos. Destacar que el trono de Hades, «el invisible», no estaba en el Olimpo, sino en el Inframundo o morada de los muertos. Y desde este punto del relato divino pueden surgir otros muchos relatos sobre los hombres, como aquí y ahora. Porque hemos utilizado verbos en pretérito, «eran», «existían», «estaba», «fueron»... ¿Pero acaso no eran inmortales aquellos dioses?, ¿dónde están ahora? Aunque parezca una contradicción sobre dioses inmortales: ¿dónde van cuando mueren? Porque quizás necesitemos ir allí si queremos descubrir quién es la diosa más hermosa, o en su defecto: quién lo fue.


Así descubrir un relato formando una nave que acoja a los lectores como argonautas dispuestos a atravesar las aguas del río Aqueronte, adentrarse en el Inframundo, cruzar el Lete y, por fin, entrar en los Campos Elíseos. Ya tenemos una misión imposible para los héroes lectores. Y, por si acaso, pongamos un colofón dorado: entregar la manzana de oro a su dueña legítima. Esto no es todo, además hay que volver del Inframundo para contarlo, más imposible todavía si cabe. Son requisitos de la mitología, hazañas imposibles y héroes capaces de cumplirlas. Estas Llanuras Eliseanas, también llamadas «Islas Afortunadas», están llenas de aquellos héroes. Aquí también eran enviados los hombres y mujeres que obraron bien en sus vidas, según criterio de los dioses Minos, Radmantis y Éaco, encargados de juzgar a las almas de los difuntos. Y era hogar de las almas de los guerreros heroicos, motivo de por qué los antiguos griegos eran tan beliciosos (posiblemente heredado de religiones anteriores y transmitido a posteriores).

El guerrero heroico en combate, o que había resultado victorioso en anteriores batallas, cuando moría iba a los Campos Elíseos. Para ser héroe sólo era necesario luchar por una causa justa. Religiones posteriores impusieron que la causa debía ser religiosa, defender a Dios o luchar en su nombre, creándose así las cruzadas o guerras santas. Pero los griegos antiguos no luchaban por la religión, luchaban porque no tenían otro remedio. En la era del nacimiento de las ciudades o polis era normal que alguna atacara a otra, sobre todo si eran de distintas procedencias: micénicos, minoicos, aqueos, dorios, jonios... Sumando al estado bélico la amenaza de otras potencias militares que no eran griegas, como el imperio persa. Así no quedaba otro remedio que construir altas murallas y formar a ciudadanos dispuestos a morir en la defensa de la ciudad, por ello el premio si morían era la gloria en los Campos Elíseos. Pero los griegos eran más que guerreros, mucho más, incluidos los famosos espartanos. Sobre todo eran amantes del conocimiento basado en el bien moral, así los virtuosos también moraban, o moran, en los Campos Elíseos. Por ambos motivos, guerrero justo y sabio del bien, buscamos a Paris, "el de la hermosa figura", de la que ahora carece, en estas llanuras de las almas.

Y ahí, frente a nosotros, tenemos a su alma, detenida en esta pradera libre de pecado y de maldad. Si estos campos están libres de deseos terrenales cabe preguntarse si el amor entre Paris y Helena era un deseo terrenal o si merecía la inmortalidad. Veamos, en el Hades o más allá de la vida hay varios lugares incluso contrapuestos como este Elíseo y su opuesto el Tártaro, uno representa el cielo cristiano y otro el infierno cristiano, respectivamente. Porque también estaban los llamados "Prados o Campos Asfódelos", poblados de seres sin conciencia que olvidaron quienes fueron en la vida terrestre y todo lo que en ella vivieron. En los Campos Elíseos no olvidan lo que vivieron como mortales o semidioses, de alguna manera, aún en el recuerdo, ese amor aún vive. Aún así, acerquémonos y preguntemos al que fue príncipe troyano.

_Hola Paris.
_¿Quiénes sois?.
_Somos lectores del futuro sobre historias que protagonizaste cuando eras humano en la Tierra.
_¿Cuánto futuro?
_Sobre tres mil años después de tu muerte.
_¿Qué se cuenta ahora de Zeus en la Tierra? Hace tiempo que no sabemos nada de él, no viene por aquí.
_Pues... Una ciudad a nacer en aquel momento, Roma, terminó conquistando Grecia y cambiaron a Júpiter por Zeus.
_¿Y qué fue de Atenea y de Afrodita?
_La primera se transformó en Minerva y la segunda en Venus para ayudar a Júpiter a gobernar a los mortales romanos. Y precisamente de ellas venimos a preguntarte.
_Vosotros diréis.
_Resulta que cuando Zeus y Hermes te preguntaron quién era la diosa más hermosa vendiste tu voto al mejor postor, la diosa Afrodita, pero si no hubieras vendido el voto, libremente: ¿a quién hubieras votado o entregado la manzana de oro?
_Jajaja, buena pregunta, pero os responderé dentro de un rato, ahora he de irme, enseguida vuelvo.

El alma de Paris se difumina y desaparece. Esto, en vez de resolvernos el misterio, aumenta los problemas... ¿Cuánto es un rato en la Eternidad?, ¿varios años? Apelemos a nuestra paciencia y discurramos por esta pradera florida que nos ofrece un estado placentero para la reflexión. Hablando de estados, ¿y si en vez de diosas fueran ciudades/estado?, ¿cuál sería la ciudad más hermosa de las antiguas polis griegas? Podría ser justo cuestionarlo, pues una gran ciudad murió con la guerra provocada por el amor "secuestrador" de Paris. Recordemos, aquella guerra iba a ofrecer unidad entre los griegos, acostumbrados a guerrear entre ellos aún participando de una misma lengua y cultura. Y fue a partir de la guerra de Troya cuando los griegos supieron aliarse convenientemente y pudieron combatir eficazmente, frenando la expansión europea del imperio persa...

Un alma nos llama a los lejos y se acerca, es Paris, ha vuelto.

_Hola de nuevo, lecturas vivas de la Tierra. No os preocupéis, antes de volver a irme os diré cuál era, en realidad y para mí, la diosa más bella. Pero será lo último que os diré, así que si queréis saber algo más estáis a tiempo de preguntarlo.

_Bueno, una curiosidad sobre la visita que te hizo Hermes...
_Hermes me visitó en varias ocasiones.
_Referimos cuando te visitó para que decidieras sobre las tres diosas.
_Qué queréis saber de aquel momento.
_Si entonces eras un simple pastor o un espléndido príncipe troyano.
_Como sabréis, mi padre Píramo, rey de Troya, cuando nací se dejó aconsejar por mi hermanastro Ésaco, lector de sueños. Y predijo que yo incendiaría Troya, así que ordenó a su criado Agelao que me abandonara en un monte lejano. Pero éste se apiadó de mí y me crió en aquel monte como si fuera su propio hijo. Allí me hice pastor y me enamoré de una ninfa. Fue maravilloso, hasta que decidí presentarme a unos juegos que cada año se celebraban en la ciudad. Derroté a todos, entre ellos a mis hermanos los príncipes oficiales de Troya. Gané aquellos juegos y mis hermanos ofendidos por ser vencidos por un simple pastor, decidieron matarme. Pero Casandra me salvó y se anunció a todos mi verdadera identidad como hijo legítimo de Píramo.

Paris queda en silencio unos instantes, y continúa:

_Mi vida dio un vuelco, el lujo de la ciudad, mi condición de príncipe oficial, mi fama de guapo, las presiones desde el trono... Todo aquello hizo que me alejara de mi ninfa Enone. Me vi como un hombre de Estado cuya primera responsabilidad era formar una familia humana. Así deseé una mujer con la que formar una familia real, en ambos sentidos. Un linaje que se extendiera a partir de mí y de mi amor por la que ya veía como mi futura esposa aún sin conocerla. Imaginaba una hija de reyes, la más hermosa princesa de la Tierra. Y en aquel momento llegó el asunto de la manzana de oro, más en concreto: la aparición de Hermes y la oferta de Afrodita, que me ofreció justo lo que más deseaba en aquel momento. Sólo que, en vez de una princesa, la mujer más hermosa era ya una reina casada con el rey de la polis griega más guerrera de todas, Esparta. Bueno... ya os he respondido, cuando Afrodita me hizo la oferta era ya un apuesto príncipe troyano y vivía en palacio.
_Lo sabía, acerté con mi teoría al respecto.
_Y ahora queréis saber quién fue para mí la diosa más hermosa de las tres que vi desnudas, ¿no?
_Así es, por favor.
_Pues os vais a llevar una sorpresa.
_ ¿Por qué?
_Porque en aquel momento no hubiera podido señalar a ninguna, pues las tres me parecían la más hermosa. Si no hubiera habido oferta para comprar mi voto: no hubiera votado. Si queréis la verdad, ésta es, libremente no podía elegir una entre las tres y me hubiera abstenido de votar.
_Vaya, interesante, Paris no sabe cuál de esas tres diosas era o es la más bella.
_Error, no he dicho eso.
_Cómo, pero si lo acabas de decir.
_No, he dicho que en aquel momento no lo supe, pero tiempo después sí, y ahora también.
_No termino de entender...
_Es fácil de comprender, una vez dentro la realeza troyana y entre el politeísmo griego, fui conociendo mejor a cada diosa. Y, como creo que sabéis, para mí la más hermosa no sólo debía de ser la más bella en la estética, sino que conllevaba la suma de la máxima belleza en lo ético. Pura hermosura carnal conteniendo pura sabiduría mental y un alma maravillosa.


Paris apaga su voz mientras su alma cobra más luz, y afirma claramente:

_Atenea es la diosa más bella.
_Estamos de acuerdo, dentro de nuestro agnosticismo, siguiendo la literatura mitológica, como fieles lectores, también creemos que es Atenea.
_Sí, con el tiempo me di cuenta que es más que una diosa, es la Eva de los griegos...
_Pero cómo sabes eso, tú no viviste nada de la era cristiana.
_Pero soy un alma elísea, casi todos los días vienen aquí nuevas almas. Además puedo entrar en las vuestras y obtener vuestros conocimientos. Aquí todo es solidaridad.
_¿Y por qué nosotros no podemos entrar en la tuya?
_Porque vuestros cuerpos no os dejan alejaros lo suficiente.
_Parece lógico, pero qué decías de Eva.
_Eva nació de una parte de las costillas de Adán y Afrodita de una parte del cerebro de Zeus.
_Pero Adán fue expulsado del Edén.
_Y vosotros me acabáis de decir que Zeus fue destronado o lo sucedió Júpiter, y a éste uno nuevo que únicamente es llamado Dios.
_Bueno, sí...
_Eva es otro nombre de la protectora de los humanos, uno más de los que ha tenido.


Nos atrevemos a preguntar:

_¿Por ello es la más bella en lo interior?
_Ello ayuda, pero no es por eso.
_¿Por su virginidad?
_También la virginidad atrae o es bella. Pero no es por eso.
_¿Entonces?
_Pues, si tuviera que elegir sólo un motivo: porque Atenea ofrece inmortalidad a la Humanidad.
_Sí, algunos dioses pueden hacer inmortales a algunos humanos.
_No, no hablo de la inmortalidad sin cuerpo, hablo de la inmortalidad con cuerpo.
_No entendemos.
_El humano puede tener una vida antes de la muerte, con cuerpo, como vosotros, y otra después, sin cuerpo, sólo con alma, como yo. Los dioses pueden transitar de un lado a otro, los humanos no. Los dioses pueden vivir miles de años en un mismo cuerpo o cambiar a otro si les parece bien y, al mismo tiempo, sus almas gobiernan el Inframundo y los mundos más allá de la muerte. Y la inmortalidad con cuerpo es ofrecida por los dioses, a través de Atenea, a la Humanidad. Es decir, una gran posibilidad para que siempre vivan humanos, aunque no siempre sean los mismos. Antes lo fui yo, ahora vosotros, después otros...

Interrumpimos pare saber si el humano tendrá fin.

_¿Quieres decir que la Humanidad es mortal?
_Es el destino natural en su sistema estelar si no alcanza suficiente sabiduría. El ejemplo más drástico es el Sol, porque siendo finito marca, con su fin, el fin de la Vida que hay en su sistema estelar... Si ésta no alcanza la sabiduría suficiente como para entenderse con el Cosmos. ¿Y quién ofrece sabiduría a los mortales?
_Es cierto, Afrodita o la Sabiduría puede hacer inmortal a la Humanidad.
_Pero hay un matiz importante.
_Estamos ansiosos por saberlo.
_La sabiduría puede ofrecer la eternidad, pero la elección es humana. Sin la voluntad humana no hay inmortalidad por mucha sabiduría que haya a su disposición. En otras palabras, la lógica y la razón, incluso matemáticamente, pueden invitar a la inmortalidad, pero es la propia Humanidad quien debe decidir. En la voluntad humana se encuentra la última palabra hacia la eternidad y la verdadera o definitiva sabiduría.
_Puede entenderse como que en última instancia no depende del conocimiento, sino de la identidad.
_Exacto, de la voluntad que emana de la personalidad entre los sentimientos y el alma. Saber no es aquello que el ser dice, sino lo que el ser es.
_¿Y crees que se puede aprender a ser?
_Claro, el ser nunca está acabado, siempre hay lugares o tiempos dispuestos a que se sepa diferente o mejor.
_¿Como el amor?
_Ser amor es un estado elevado de la conciencia, es más que mejor.
_Siendo así, ¿por qué Afrodita, siendo diosa del amor, no es la más hermosa?
_Porque mucho se viste de amor sin serlo. Hay parejas disfrazadas de amor cuando en realidad son deseos de posesión o de control, o dependencia. Por otro lado natural los animales con sexo, a través de procesos químicos inteligentes, se encuentran en vida y cohabitan sexualmente para la descendencia. Siendo el primer paso para la supervivencia y, porqué no, para la posibilidad de inmortalidad de cualquier familia de especies. Afrodita vino a ayudar a ese proceso químico en el interior de los humanos, hizo más posible los enamoramientos entre las parejas y fundamentó la fidelidad suficiente para criar hijos. Pero llega un momento que eso no es suficiente y hay que recurrir a la sabiduría para seguir camino a la inmortalidad. Atenea representa el segundo paso más allá de Afrodita. Posiblemente dio piedras y palos a los primeros homos y millones de años después los enseñó a hacer fuego.

Estamos de acuerdo, la sabiduría es vital para la Humanidad y ha traído mucho bueno a los mortales, por ello añadimos:

_Y también podemos considerar a Atenea diosa de la democracia.
_Exacto. Con vuestra llegada al Elíseo, y leyendo en vuestras almas, he sabido que la entonces joven ciudad de Atenas se hizo espléndida en las artes, las ciencias y la política, descubriendo la democracia y perpetuándola en la historia humana. Pero por qué queréis, o queríais saber, quién era o es la diosa más hermosa.

Buena pregunta nos hace Paris, para qué queremos saberlo, querida y valiente lectura. Conocer la verdad y el ánimo de saber debería ser suficiente para entregar la manzana de oro a su legítima dueña. Pero necesitamos a la acción, el acto, al héroe, porque: ¿quién es ahora el guapo entre los mortales que quitará la manzana de oro a Afrodita?. Ya tenemos la empresa imposible, comencemos otro relato. Tracemos el cómo y nombremos a quiénes... ¿Atrevernos a crear mitología? Tranquilos, seamos humildes, que la humildad guarda valentía, iniciemos el relato como un simple cuento ciudadano. Salgamos del Elíseo como sencillos mortales y vayamos a alguna playa para citar a una bella diosa, entre las espumas de las olas.

Una playa donde los cielos se abren como si fueran dos cortinas titánicas, apareciendo una claridad roja y agresiva. Al mismo tiempo una pequeña luz escarlata se concentra en un punto de la arena cercano a nosotros y surge Afrodita, enfadada, con una hermosura que daña, con una risa que humilla:

_Jajaja, ¿vosotros pretendéis arrebatarme mi manzana de oro?, ¿y qué dioses os amparan?
_No lo sabemos, o ninguno, somos agnósticos.
_Entonces, ¿con qué cualidades?
_Con humilde sabiduría.
_¿Amáis saber o creéis saber?, porque soy diosa del amor y os lo podría aclarar. Y vuestros sentimientos están de suerte, ¿queréis saber cuál es vuestra pareja ideal y conocer su sabor sexual?
_Somos lectores argonautas, vamos a por la manzana de oro, no a casarnos.
_Vaya, sois humildes pero perseverantes. ¿Y si os dijera que sólo aquel o aquella que mejor haga el amor conmigo, todo una diosa de la belleza, obtendrá la manzana de oro?


Mientras habla Afrodita se dirige de repente a uno de nosotros y sigue preguntando:


_¿Quieres ser tú el primero?, @ciudadanoNick.
_Dios me libre
-sólo acierta a decir nuestro asustado compañero-.

En ese momento una de nosotras afirma:

_Pero si eres agnóstico.
_Ahora no -
dice el ya menos asustado compañero-, ahora tú eres Dios y vienes a salvarme.
_Pues sí. La verdad, aunque seas muy deseable, querida Afrodita, no haremos el amor contigo. Así que danos la manzana de oro, por favor.
_¿Acaso eres una humana queriendo ser la diosa más hermosa?
_No, la queremos para entregársela a Atenea.
_Pero si no la conocéis, ni siquiera sabéis si existe todavía.
_Sabemos que algo nos protege, sino ya nos hubieras destruido o vencido.
_¿Eso creéis?, ¿y si yo quiero que sea así?, igual deseo dialogar un rato con vosotros antes de destruiros. Quizás sea una manera de esperar a Atenea... -
la diosa titubea un instante-. Ella es bella, no digo que no, pero yo soy más bella.
_¿Y sabia?, ¿también eres sabia?, porque qué puede ser más bello que la sabiduría.
_El amor.
_¿Y no es el amor la máxima sabiduría? Y si tú eres diosa del amor: ¿hay dos diosas de la sabiduría?
_No me confundas, innoble mortal... -
el rostro de Afrodita comienza a reflejar algo de tristeza mientras habla-. Yo estuve cuando profetizaron a Zeus que su hijo lo destronaría, por eso se comió a su mujer embarazada. Aún así Atenea nació de su cabeza. Zeus no la destruyó y comenzó a quererla quizás porque no era varón y no suponía una amenaza para él; o no la suponía tal y como él entendió la profecía. Pero si el que dijo «hijo» quiso decir «hijo o hija»: Atenea destronaría a Zeus. Y así hizo o comenzó a hacer en una de las ciudades donde fue patrona: Atenas, donde la democracia destronó al rey, no para poner a otro, sino para poner a todos los ciudadanos.
_Pero tal y como lo relatas parece una revolución en toda regla en el mismísimo Olimpo.
_Exacto, era pasar el poder del Rey al Consejo de los Dioses y desde allí a todos los dioses y sus votos. Así no quedaba otra que la democracia divina. La sabiduría, Atenea, sabía, valga la redundancia, cómo sustituir la monarquía por un gobierno más justo y sabio, y en Atenas lo demostró, revolucionando con ello a todo el Olimpo.


Esta información nos interesa y nuestra curiosidad se apresura:

_¿Fue difícil?, ¿lo consiguió?, ¿le ayudaste?, queremos saber.
_Vosotros habéis atravesado el Hades, más allá de la muerte, sólo con vuestras sensaciones o sentimientos, y ahora con hábil imaginación lo relatáis como aventuras de argonautas mitológicos, pues esto apenas es nada comparado con el choque titánico de Atenea contra el poderoso Poseidón por llevar la democracia al Olimpo, hasta la paridad divina quedó mezclada en aquella lucha desigual. Y todas las diosas quedamos, de alguna manera, implicada en aquella guerra elísea.

Bonita historia para un tercer post.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada